“Cualquier objeto de arte debe ser la invitación a una pregunta”

©Pedro Mercado ©Pedro Mercado

 

Entrevista a María Ruiz


Tu libro Putas metamórficas, ganador del premio XVIII Bienal José Antonio Ramos Sucre, no tiene piedad con el lector. Es un poemario que golpea con cada verso, desestabilizando con su franca crudeza a quien los busca. Y digo busca porque uno no los recibe sumisamente, ellos te obligan a desearlos. ¿Es un efecto que buscaste conscientemente?

Para nada. Creo que lo único efectista del libro es el título. Lo único conscientemente efectista, quiero decir.

Me interesa lo que dices sobre los poemas, que te obligan a desearlos. Son textos que yo deseaba con desesperación, que yo necesité. Yo los deseaba y ahora ellos, como cosa suya, ¿hacen que quiénes los leen los deseen también? Qué degenerados… Volviendo al caso, fueron poemas que escribí sin saber muy bien que eran poemas, para mí el ejercicio de escribirlos en aquél momento estaba más relacionado con la supervivencia que con la literatura. El deseo estaba impulsado por la desintoxicación: tomar un montón de cosas que sobraban en el ámbito de las emociones y expulsarlas de la manera más digna y práctica que encontré: describiéndolas.

Hay una desesperación casi grotesca en los poemas, que demandan que el lector se revele frente a su propia miseria. ¿Crees que la poesía siempre debería provocar esto?

No creo que la poesía ni el arte en general deban provocar algo en específico. Pero sí me parece que cualquier objeto de arte debe ser la invitación a una pregunta, a un espacio dónde hay algo que no está cerrado. Mi tutor y un profesor muy querido, Iván Feo, nos hizo leer en la universidad las Funciones del lenguaje según Roman Jackobson. Quiénes me conocen saben que siempre hablo de esto y parezco un testigo de Jehová llevando “la palabra”. El caso es que a la función poética o estética del lenguaje, Iván la llamaba también la función del “juego”. Siempre que descubro algún autor que me interesa en cualquier ámbito artístico (incluso en el ámbito teórico) creo ser partícipe de ese juego al que se refería Iván.

¿Qué te interesa del acto de escribir actualmente?

Siempre me ha interesado el efecto terapéutico de la escritura, por lo menos el efecto terapéutico que encuentro yo en ella. Pero también hay otra cosa. Hace unos meses me leí una novela de Murakami: Sputnik, mi amor. Hay un fragmento, que pertenece a unos escritos de Sumire (la protagonista, o la que parece serlo durante casi todo el libro) que encuentra el narrador tras su misteriosa desaparición, que quisiera citar para contestar esa pregunta.

“Cuando no entiendo algo, recojo, una tras otra, las palabras esparcidas a mis pies y las conformo en frases. Si no funciona, vuelvo a mezclar las palabras y las ordeno otra vez dándoles una forma distinta. Tras repetir varias veces el mismo proceso, al fin soy capaz de pensar como el resto de los mortales. Escribir jamás me ha parecido duro o pesado. Igual que otros niños recogían hermosas piedras o bellotas, yo escribía con entusiasmo. Tomaba papel y lápiz y, con la misma naturalidad con la que respiraba, escribía una frase tras otra. Y pensaba.

(…)

Habitualmente, tomo conciencia de mi identidad en forma de palabras.”

El espacio geográfico de Putas metamórficas es el cuerpo, particularmente el cuerpo femenino. ¿Cómo se creó este conjunto de poemas que atraviesan el terreno del homoerotismo?

(En el mismo orden de pensamiento de la pregunta anterior) Es una consecuencia de un proceso de toma de consciencia acerca de la identidad. La identidad desde lo más básico, inmediato y biológico que es el cuerpo y cómo en él y sus cicatrices (literales, simbólicas) se ven reflejadas otras dimensiones de la (mi) identidad. Si atraviesan el terreno del homoerotismo es un efecto y no una causa. Esos poemas fueron escritos desde mis 20 hasta los 25 años. Había muchas preguntas qué tenía que hacerme sobre la sexualidad, sobre el amor, sobre el dolor; había muchas certezas y paradigmas que necesitaba cuestionar hasta incluso tratar de derrumbarlos.

¿Es Venezuela otra puta?

No creo. Si algo hacen las putas es sacarle algún provecho económico a su cuerpo. No sé si a Venezuela le quede cuerpo y, en todo caso, el provecho económico se lo sacaron otros (¿los proxenetas?).

Además de poeta, también eres cineasta. ¿Cómo se mezcla en tu proceso creativo lo literario con lo audiovisual?

Lo interesante de lo audiovisual, por lo menos en la escuela donde fui educada, es que antes de ser audio y visual, tiene que haber estado mínimamente escrito. Es un proceso de traducción rarísimo y hermoso, en el que una idea es casi siempre una imagen que uno tiene en la cabeza. Pero, históricamente, para explicarla y compartirla con todos los demás que van a ayudarte a desarrollarla debes llevarla a palabras, debes generar un texto: una sinopsis, un desarrollo argumental, un guión, lo que sea. Luego, gracias al trabajo de todas esas personas que dialogaron y reinterpretaron ese texto obtienes de nuevo una imagen (y un sonido), que ya no está dentro de tu cabeza y que además, siempre siempre siempre, es mejor que la que tenías. Lo bonito del siglo XXI y las redes sociales es que se acompañan los textos con referencias, fotos, videos, ilustraciones, etc. que ayudan a comunicar de una manera más precisa cómo debería ser o a qué debería parecerse eso que a uno se le ocurrió (porque, como todos sabemos, eso que a uno se le ocurrió ya se le ocurrió a montones de personas en montones de lugares y momentos históricos diferentes, muchas veces).

¿Qué te da el cine que no te da la literatura?

Dinero. No mucho, pero es con lo que sobrevivo. Y, además, lo más divertido que hay en el mundo: el desarrollo de un proceso creativo en conjunto con otras personas que están en sincronía contigo.

¿Recomiendas la obra de algún(os) escritores (as) venezolanos (as) de tu generación?

Sí, claro. La recomiendo más que la mía. Soy muy fan y muy entusiasta del trabajo de Jairo Rojas, Alejandro Castro, Adalber Salas, Víctor Manuel Pinto, Natasha Tiniacos, Cristina Gutiérrez Leal, Luis Moreno Villamediana y lo poco que he leído de Camila Ríos Armas. Eso en la poesía. Luego me gusta mucho en narrativa lo que escriben Sol Linares, Gabriel Payares, Miguel Hidalgo Prince, Enza García Arreaza, Carlos Colmenares Gil y Carlos Ávila. Pero estoy segura que hay más recomendables que olvido.

Tengo entendido que tienes un poemario inédito titulado Alivio. ¿Me hablas un poco de él?

Es un poemario que armé con los poemas que sobraron de los tiempos dónde las putas éramos metamórficas. Pero las metamorfosis son así: las orugas se vuelven mariposas, los hombres se vuelven insectos, y los poemas de las putas metamórficas se vuelven obsoletos. Ya, casi 4 años después de haber hecho esa selección, van quedando menos poemas, al punto de que, como casi todos los Alivios, este libro se vuelve breve, casi fugaz. A lo mejor eso que queda se publica con otro nombre y con otros poemas que no son tan aliviadores.

¿En qué proyectos estás trabajando ahora?

Hace un año me aprobaron para su parcial financiamiento dos proyectos de cortometraje en el CNAC (Centro Nacional Autónomo de cinematografía). El primero de ellos está en la fase de “diseño de producción” y se trata de un cortometraje de animación llamado Criaturas domésticas, escrito y dirigido por mí y producido por la genial Clarissa Duque. El otro es un cortometraje de ficción coescrito con Pedro Mercado y producido por mí, llamado Los de abajo, recientemente premiado en el Festival de Cine en el Desierto en Sonora, México, con el premio a Mejor Guión latinoamericano de cortometraje. Además, en unas semanas lanzaremos a través de redes sociales el próximo videoclip del grupo musical Rawayana, Tucacas, que hicimos con la gente hermosa de Enjoy Producción Audiovisual.

En cuanto a la escritura, llevo poco tiempo trabajando en una selección que por ahora se llama Retrospectiva de la carne. Son poemas escritos casi todos en los últimos 3 años.

¿Quieres compartir un poema inédito?

Sí. Aquí va.

LA PARED

                        A mi súperamigo

Cuando se construye una pared

hay que procurar que tenga el grosor justo

para establecer una distancia verdadera

con respecto a las cosas

que se dejan al otro lado

Cuando se construye una pared

no hay justificación para grietas

rendijas

ductos de aire

ni siquiera ventanas

Cuando se levanta una pared de ladrillos

de ocho, seis, cuatro años de espesor

no existe la posibilidad de caminar hasta el final de la habitación

buscando una puerta

Cuando se levanta una pared

se frisa

se pinta

y se decora con fotografías

no se puede estar tocando con el puño cerrado

a ver si todavía hay alguien que responda

El sólo gesto de tocar

abre un surco en el suelo:

va acumulando

un montón de tierra al lado de esa pared insólita

va cavando

un túnel oscuro

que termina

siempre

del otro lado.

María Ruiz (1984), es egresada de Artes de la Universidad Central de Venezuela, mención Cinematografía. También cursó la Maestría online en escritura de guión para televisión y cine de la Universidad Autónoma de Barcelona. Su cortometraje Des(pecho)trucción (2013) se hizo acreedor del Best Experimental Short Film Award en el 21th San Diego Latino Film Festival, 2014 y del Premio Municipal de Cine David Suárez en la mención Mejor cortometraje de ficción, 2014. Con su poemario Putas metamórficas ganó la XVIII Bienal de literatura José Antonio Ramos Sucre, en 2011, libro que fue publicado por Fundarte en agosto de 2012, en el marco de la Feria del Libro de Caracas. Recientemente su guión de cortometraje “Los de abajo”, coescrito con Pedro Mercado, se hizo acreedor del Premio al Guión Latinoamericano de Cortometraje en el Festival Internacional de Cine en el Desierto, Sonora, México.