“La tiranía de las palabras que se devuelven”

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Entrevista a César Segovia


Tu primer poemario, incluido en la colección Lancini de Lugar Común,  “Eso lo sé”, es una caja de palíndromos (frases que se leen igual de atrás hacia adelante). Luis Yslas dijo que esta “es la ruta natural de tu escritura”. ¿A partir de qué momento escribir palíndromos se volvió una necesidad para ti?

Justamente, fue a partir de un recital que se hizo en homenaje a Darío Lancini, poco después de su muerte. Un recital al cual no pude asistir por motivos que ya casi ni recuerdo, y que poco importan. Mis primeros palíndromos fueron una especie de juego para pedir disculpas a los organizadores de ese recital por mi ausencia. Luego se fueron convirtiendo en algo bastante más serio, incluso obsesivo, hasta que esa manía se me volvió una forma de decir [de la que todavía algo me queda]. No sabría explicar hasta dónde son necesidad expresiva o hasta dónde son una especie de droga recreacional [o hasta cuándo me pueda permitir tanto retorcimiento discursivo]. El caso es que, por lo pronto, no los puedo negar, aunque a veces los abandone un poco.

¿Qué te atrae de esta imagen: “un palíndromo es una serpiente que se muerde la cola”?

Es una imagen, acaso atávica, que me ha perseguido desde hace mucho y que me parece muy potente. De hecho, es una de las imágenes que aún me resuenan del cuento “La mano junto al muro”, de Guillermo Meneses:

Ascendía el escándalo sobre el cielo del trópico cuando el hombre dijo (o pensó): «Hay aquí un camino de historias enrollado sobre sí mismo como una serpiente que se muerde la cola. Falta saber si fueron tres los marineros. Tal vez soy yo el que parecía un verde lagarto; pero ¿cómo hay dos gorras en el espejo del cuarto de Bull Shit?… La vida de ella podría pescarse en ese espejo… O su muerte…». 

Más allá de la maestría y de todas las potencias simbólicas de la cita, las serpientes son animales que me fascinan, pero me fascina también la idea de circularidad, de infinito: volver y [re]volver sobre los pasos de las palabras.

Cuéntame sobre tu poemario “Próximo tren” y cómo se relaciona con Bruselas y las estaciones ferroviarias.

Bruselas es el accidente geográfico que necesitaba para echar a andar Próximo tren. Fue en Bruselas donde Próximo tren dejó de ser un montón de poemas de viajes imposibles y memorias olvidadas y comenzó a ser algo más. Para el momento de ese viaje [real] ya tenía escritos algunos textos que pretendían explorar [o quizás reinventar] algunas brechas en mi memoria, y la estación central de trenes de Bruselas me dio el mapa que me ayudó a estructurar el libro y convertirlo en un proyecto con forma y sentido [acaso hasta con algún propósito]. Después el tiempo y la vida me daría el material necesario para terminarlo.

Los palíndromos dan esta sensación de que el tiempo corre y luego se devuelve. Es un carrusel en el que el significado queda atrapado, yendo y viniendo. ¿Crees que hubo una transferencia de la idea de viaje desde “Eso lo sé” a “Próximo tren”?

Sin ninguna duda. De hecho, los trenes son inmensos palíndromos [“siempre idénticos cuando van, siempre idénticos cuando vienen”, y perdón por citarme a mí mismo]. En algún momento de su escritura, Próximo tren trató de funcionar como un escape también de los palíndromos, de la tiranía de las palabras que se devuelven, pero terminó incorporando mucha palindromía, creo que de una manera bastante orgánica, volviendo a “la ruta natural”. De hecho, uno de los poemas palindrómicos de Eso lo sé forma parte de un texto de Próximo tren. Así que sí: creo que sí hay mucha transferencia de Eso lo sé a Próximo tren, tanto de la idea del viaje [muchas veces imposible] como de la idea de los significados que van y se devuelven.

En tu cuenta de Facebook publicas #Unpalíndromoaldía. Cuéntame sobre este reto y la reacción de la gente en las redes sociales. 

Para mí los palíndromos son una necesidad expresiva y un vicio [no necesariamente en ese orden]. Y claro, también es una exageración lo de #UnPalíndromoAlDía. Últimamente los días se han vuelto largos e interminables sucesiones de horas y minutos en los cuales no siempre existe el tiempo para que las palabras puedan devolverse. En cualquier caso, ha sido bastante divertido y, sin duda, retador, sobre todo cuando he intentado incorporar referentes de la actualidad. La respuesta de la gente ha sido muy diversa y me honra mucho saber de personas que están muy atentas al palíndromo del día, aunque, como digo, últimamente los días no me permiten cumplir a cabalidad el compromiso. Por fortuna, creo que ya, a estas alturas, hay algo de los palíndromos que forma parte de mí y no creo que pueda dejarlos nunca del todo.

¿Cómo ha influido la literatura infantil en tu trabajo como poeta?

La literatura infantil hizo que aprendiera a leer de nuevo, de otra manera. Durante mis años de trabajo en el Banco del Libro encontré maravillas que me hicieron ver la literatura en general [y la palabra poética en particular] con mucha más justicia, incluso me atrevería a decir que con más amplitud. Ahora mismo, luego de superar algunos miedos cruciales, he publicado mi primer libro para niños, gracias a Editorial Planeta Venezolana. Se llama Radar y, como era de esperarse, tiene que ver con palíndromos. Espero que le vaya bien y me encantaría poder ensayar un par de cosas más dentro de ese género que para mí es fundacional.

¿Qué importancia le das a la música en tu poesía?


Más allá de los lugares comunes de la “musicalidad y ritmo” de la poesía, la música es para mí indispensable. Siempre necesito escuchar música y también tocarla. Y también debe ser cierto que la música que he escuchado y que escucho han influido en mi manera de escribir. Supongo que si no hubiese escuchado Jimi Hendrix o Pink Floyd o Rage Against The Machine o John Coltrane o Joaquín Sabina otros gallos [o cualquier otro pájaro] cantarían.


¿Qué opinas de la fundación de nuevas editoriales venezolanas en un momento tan complicado para el país? 


No puedo sino alegrarme y aplaudir cada proyecto, cada esfuerzo, cada libro, además de agradecer la oportunidad que me brindó Editorial Lugar Común, en su momento, y Libros del Fuego tiempo después. También me impresiona y me llena de alegría lo que están haciendo otras iniciativas como Letra Muerta, Barco de Piedra, Ígneo, Utopía Portátil, entre algunas otras que se me escapan mientras escribo.

¿Cómo ha influido en tu trabajo el haber emigrado a Miami?


Ha influido en tanto lo que escribo ahora está teñido de cierta mudanza, parafraseando a Willy McKey. Una mudanza distinta a la que me ha teñido antes; porque irse, no importa cómo lo hagas, es un modo subjuntivo de conjugar la vida.

¿En qué proyectos estás trabajando ahora?

Estoy ensayando algunas cosas dentro del género de la literatura para niños que espero poder llevar a feliz término. Además, tengo un poemario en revisión [a punto de remitir] y otras amenazas discursivas que serán ventiladas [o asfixiadas] en su momento.

Una película que puedes ver repetidas veces.

Se me ocurren algunas obviedades como Star Wars [la trilogía original] o The Godfather, pero también algunas más intensas como A Clockwork Orange o Fight Club o La Heine; o ciertas respetables banalidades como Spiderman o Batman: The Dark Knight Rises.

Yo quiero un palíndromo para mí.

Pues hasta ahora no he visto el primer palíndromo en español que incorpore una Q, pero podemos intentar algo un poco surrealista:

A mi calle [¿U? ¿Q?] árida la di, Raquel: la cima…

César Segovia: Nació en Caracas, en 1977. Licenciado en Letras (UCV, 2002). Se ha desempeñado como asistente de investigación literaria, redactor de contenidos, corrector de estilo y editor para diversas instituciones culturales y empresas editoriales. La investigación, estudio y difusión de la literatura para niños y jóvenes, así como la promoción de la lectura en sus diferentes soportes, ha ocupado su quehacer laboral por más de diez años. En 2009 recibió una beca de estudios, otorgada por la Fundación Carolina, para participar en la IX Edición del “Curso de formación de editores iberoamericanos” (Madrid-Santander, España). Ha publicado Caracas siempre nueva. Breve antología de crónicas de Caracas. (Compilación. Magenta Ediciones, 2006); Premios Nacionales de Cultura. Literatura: Salvador Garmendia 1972 (Monografía. Fundación Editorial El Perro y La Rana, 2006), Eso lo sé (poemas palindrómicos, Caracas: Lugar Común, 2012), Próximo tren (Caracas: Libros del Fuego, 2014), Radar (Caracas: Editorial Planeta Venezolana, 2015).