“En América Latina está, en estos momentos, la gran poesía en lengua española”

Crédito: Lisbeth Salas Crédito: Lisbeth Salas

Entrevista a Rodolfo Häsler


Naciste en Cuba pero vives desde los 10 años en Barcelona. ¿Cómo influyó este cambio de cultura y del uso del español en tu interés por la literatura?

Quizá te comente primero que nada, que ya durante esos primeros diez años en Cuba, y desde que tengo conciencia, el sentimiento de desarraigo, o de multiculturalidad, estaba dentro de mí. Mi padre era suizo alemán, y ese hecho marcaba una diferencia, y no solo por los valores que recibía en la educación y por observación. Mi padre era pintor, y ese hecho ya me daba entrada a un mundo que no era el que me rodeaba, en ese momento un entorno absolutamente ideologizado. Los valores éticos y humanistas de mi padre, su cultura centroeuropea y su entrega al arte, fueron siempre un modelo.

Claro que al llegar a España, a Barcelona, el uso de la lengua era otro, mucho más conciso, directo, y ese choque me dio conciencia del valor de la las palabras.

¿Crees que hay una búsqueda consciente de la Cuba de tu infancia en tu escritura?

Uno va añadiendo con el paso de los años. En mi caso particular, he ido sumando y modificando lo que me iba siendo dado con otras formas, otros aspectos y matices que son absolutamente fruto de mis circunstancias vitales. Y es lícito mirar en un momento dado hacia atrás. Cuba está presente en mi bagaje emocional, y eso se refleja en un libro de 1997, De la belleza del puro pensamiento, que es mi retorno al origen y mi deslumbramiento ante todo aquello que está y no está pero que sí siento mío.

En alguna oportunidad dijiste que solías pintar de niño. ¿La llegada a España cambió tu registro de expresión, de la palabra visual a la palabra escrita?

Sí, así mismo. La pintura es una forma de expresión intrínsecamente humana. Las primeras manifestaciones humanas son incisiones y pinturas en las cuevas donde habitaban, y todos los niños se expresan pintando. Y claro, en mi caso, ya lo tenía en casa. Mi padre siempre tuvo el taller en casa y para mí como niño verlo pintar era maravilloso, observar cómo los colores se transformaban, cómo unos tapaban a otros y seguían vibrando debajo, cómo un rojo de repente destacaba, era algo mágico, y formativo, y sigue estando en mí, a pesar de que ya no pinto, desde que la familia se instaló en España. Aquí vuelvo a lo que comenté más arriba, el cambio de acento, el uso diferente del lenguaje, la intencionalidad otra, me abrieron los ojos al poder de las palabras, y descubrí que lo verdaderamente grande estaba detrás. Y la lectura y después la escritura se convirtieron en un camino de descubrimiento.

Vives en una casa familiar de artistas: tu hermana es cantante de ópera, uno de tus hermanos es pintor y el menor también es pintor y escultor. ¿Cómo se alimenta tu vida como escritor estando en contacto tan de cerca con otras artes?

Todas las formas de creatividad se relacionan, y por suerte cada vez lo sabemos con mayor certeza. Las artes son todas el fruto de una forma diferente de ver y sentir la realidad y nuestra situación en el entorno. Lo que siempre me ha llamado la atención es cuando los poetas no se relacionan con otras expresiones artísticas. Para mí es uno de los grandes motivos de inspiración, la música, la pintura especialmente, de repente un cuadro y su contenido puede ser el punto de partida de un poema o una serie de poemas, el brillo de un color amarillo, un encuadre, una sugerencia que abre un espacio nuevo en la mente y que busca otra lectura.

Cada uno de tus poemarios desarrolla un tema distinto, siempre con una finura y exactitud en el uso del lenguaje. Frecuentemente veo a la casa, a la familia, el transcurso del tiempo, lo plástico, la lengua. ¿Qué es lo más importante para ti, como autor, cuando estructuras un libro?

Bueno, es cierto que tengo algún libro unitario, que comenzó con algún poema como punto de partida y de pronto seguía y seguía extendiéndose permitiendo nuevos motivos de escritura. Pero cada libro nace de una manera que no puedo decidir ni controlar. Cada uno toma su propio camino. Algunos, como Elleife, Paisaje, tiempo azul, Cabeza de ébano, están formados por secciones, a veces lejanas en el tiempo unas de otras, pero que evidentemente tienen un nexo que las une en su sentido. El último publicado, Diario de la urraca, sí nació como libro unitario pues la idea, el punto de partida, es esa figura del córvido que es testigo de un recorrido vital, de un diario casi sentimental que tiene como marco la gran urbe donde transcurren aquellos aspectos con los que me relaciono y me nutro.

En tu poesía hay un trabajo muy delicado de lo erótico. Muchas veces expresado a través de personajes que creas en tus poemas. ¿Qué me puedes contar de esto?

La verdad que este tema es difícil para mí de contestar. Tú lo destacas y otros entrevistadores o críticos también lo mencionan, pero no es algo que busque. Como sabes a la escritura va a parar todo aquello que nos acucia y que busca una nueva explicación, un cuestionamiento, una duda, un nuevo orden. Pero acepto que mi mirada al entorno es densa y ha aprendido a atrapar, a apoderarse de todo aquello que descubre. Es una forma de posesión. Disfruto muchísimo paseando, deambulando por el espacio urbano, también por la naturaleza, y establezco un juego mental de interiorización con múltiples aspectos que destacan a mi paso. Es algo muy excitante. La belleza está en tantísimos instantes.

Pareces ser un hombre que disfruta la vida, que sabe apreciar las pequeñas cosas, los pequeños placeres, las amistades. ¿La lectura y la escritura de poesía te han llevado a establecer algún tipo de vínculo con tu entorno?

Voy en esa dirección de manera intuitiva. Nunca me ha gustado aquello que exige una ruptura forzada en mi interior. Disfruto con todo aquello que se da de manera natural, no soporto la pose, la fatuidad y lo que no responde a un curso que avanza lineal y encadenado. Una cosa lleva a otra, se ramifica, se bifurca, pero lo vas descubriendo. Para mí pasear, hablar con los amigos por la tarde, al caer el día en un café, observar desde una terraza el transcurso de la vida, observar los cambios en la naturaleza, las estaciones, los animales, es fascinante. El paisaje urbano, la arquitectura como entorno que nos abraza, es para mí uno de los grandes placeres de estar vivo. Llegar a una ciudad donde no vivo y hacer ese esfuerzo de comprensión, me hace sentir con plenitud.

¿Qué te interesa de la lectura de narrativa a la hora de escribir poesía?

Desde hace algunos años reconozco que leo menos narrativa. Y he leído mucha narrativa desde muy joven. Me gustan aquellos narradores cuya prosa estalla y te hace ver del otro lado de lo aparente, y encuentro ahí ese estallido de la poesía, ese descoloque que rompe con lo ya aprendido y asentado.

¿La traducción es un trabajo que tiene conclusión? 

Uno lo da por bueno en un momento dado, cuando sientes que hay una acomodación entre el original y el paso a otra lengua. Si no tiene fin, uno ha de saber cuándo poner el punto final.

¿Cómo se sintió traducir a Kafka? ¿Tuvo influencia en tu propia escritura?

Acepté ese ofrecimiento por tratarse de Kafka y por la curiosidad por sentir cómo iba a meterme en sus minirelatos. Pero nada más aceptar y pensar un poco me sentí aterrorizado. Hay traducciones anteriores de esos relatos, pero uno ha de olvidarlo todo y acercarse al original con la mente en blanco. Fue apasionante traducir el conjunto de minirelatos de Kafka y ahondar en esos textos que marcan una nueva manera de situarse. El desasosiego, la fragmentación, la terrible conciencia de estar vivo, el absurdo de toda acción humana, abren las puertas a la narrativa moderna.

En relación a la poesía propia creo que el sentido más importante está en descubrir que uno no escapa a ese sentimiento de deterioro y fragilidad que conlleva la existencia.

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También tradujiste a Novalis. El brinco que significa traducir a un autor de otro siglo y otro lugar, ¿tuviste dificultades con el vocabulario?, ¿encontraste distinta esa forma de pensar del siglo XIX?

El romanticismo alemán sigue vigente, y su aspecto en relación a la naturaleza como espejo de las emociones humanas es tremendamente actual. El respeto por el entorno natural, el equilibrio con la naturaleza sigue siendo un referente. Cuando ese equilibrio se viola el resultado es catastrófico, lo vemos todo el tiempo.

La dificultad de esa traducción fue a menudo el lenguaje, un alemán con ciertos términos en desuso, pero todo eso queda en nada frente a su actualísimo sentido.

¿Qué estás leyendo en estos momentos?

Leo ensayo y poesía. Poesía latinoamericana que es mi gran pasión. Aprovecho las invitaciones a festivales en América Latina para descubrir a poetas, conseguir libros de poetas que no están editados en España, y sobre todo descubrir en la medida de lo posible a los jóvenes poetas en esos países. En América Latina está, en estos momentos, la gran poesía en lengua española, y no me refiero tanto a nombres aislados como a la gran propuesta, la gran poética.

Estoy leyendo a algunos poetas en este momento: la edición de la obra completa de Yolanda Pantin, a Diego Maquieira, una edición preciosa de Gerardo Deniz, a la brasileña Hilda Hilst, releo a Rafael Cadenas…

¿Qué literatura joven española estás leyendo y a quién recomiendas?

Es difícil tener una visión completa sobre lo nuevo que se está escribiendo en este momento, por un motivo de distribución de los libros, ya que mucho de lo que se está escribiendo por poetas jóvenes se edita en editoriales que tienen ciertas dificultades de distribución. Es interesante que a pesar de la crisis aparecen editoriales dirigidas por gente joven y que tratan de sacar lo más reciente, rompiendo con el monopolio de editoriales ya muy reconocidas. Me interesan algunos de los que he podido conocer, pero seguro que hay mucho más que no conozco. Me interesa la poesía de Esther Ramón, de Joan de la Vega, de Rafael Mammos, de Laia López Manrique, de Ana Gorría. No es todo lo interesante que se escribe en este momento, pero creo que son poetas a seguir con mucho interés.

¿En que proyectos estás trabajando ahora?

Después de mi último libro publicado el año pasado, Diario de la urraca, estoy con dos proyectos que vamos a ver cómo van a evolucionar. Uno es un libro de poemas. Cada poema parte de un lugar donde ha dado un instante o una situación intensa, como una visita a Duino, un café de del Raval de Barcelona, la fachada de una casa medieval de Zürich, unas líneas leídas sobre Hildegard von Bingen, etc. Y el segundo trabajo en el que estoy metido es un libro de prosas poéticas donde caben pensamientos y vivencias que no encuentran su desarrollo en el poema.

Rodolfo Häsler nació en 1958 en Santiago de Cuba y desde los diez años reside en Barcelona. Estudió Letras en la universidad de Lausanne, Suiza. Tiene editados los siguientes libros: Poemas de arena (Editorial E.R., Barcelona, 1982), Tratado de licantropía (Editorial Endymión, Madrid, 1988), Elleife (premio Aula de Poesía de Barcelona 1992, Editorial El Bardo, Barcelona, 1993), De la belleza del puro pensamiento (beca de la Oscar B. Cintas Foundation de Nueva York 1993, Editorial El Bardo, Barcelona, 1997), Poemas de la rue de Zurich (Miguel Gómez Ediciones, Málaga, 2000), Paisaje, tiempo azul (Editorial Aldus, México D.F., 2001), Cabeza de ébano (Ediciones Igitur, Barcelona, 2007) –  este último libro ha sido traducido al italiano, macedonio, portugués, francés y parcialmente al alemán – , y Diario de la urraca (Editorial Mangos de Hacha, Ciudad de México, 2013), además de Antología poética (Editorial Pequeña Venecia, Caracas, 2005) y Antología de Tenerife (Ediciones Idea, Tenerife, 2007) y ha publicado la plaquette Mariposa y caballo (El Toro de Barro, Cuenca, 2002).