“La literatura es una forma de superstición”

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Entrevista a Enza García Arreaza


A diferencia de otros narradores de tu generación, sueles darle un lugar importante al uso de imágenes y metáforas en tu prosa. ¿Por qué?

La literatura es una forma de superstición. Nada consta pero todo se cree. Es una invitación a darnos importancia mientras uno se recuerda a sí mismo que todo está perdido.

¿Has pensado en utilizar esta cualidad para la escritura de una obra poética?

No lo he pensado porque creo que no tengo un momento de meditación exhaustiva sobre qué forma o no tendrá el texto. He tratado de ser muy esquemática antes de afrontar el trabajo de composición y veo que no me ha funcionado. Tampoco es que espere recibir algún tipo de inspiración ni nada por el estilo, es que tal vez también estoy acostumbrada a esos dos extremos, el del cuento y el del poema en versos: básicamente, además, son esas las lecturas que hago. Me atengo a mis inclinaciones, aunque, sin duda, el cuento también es el lugar de los impulsos líricos y el poema el lugar de pequeñas historias universales.

En tu escritura hay una presencia frecuente de elementos foráneos, por ejemplo: los zorros y los abedules, que al mismo tiempo contrastan con la enorme atención que le prestas a los elementos que podríamos llamar autóctonos, pertenecientes al imaginario venezolano. ¿De dónde surge este interés?

¿De dónde? ¿Será de Google, que todo lo dice y nada se guarda? Sí, bueno, me han dicho que es inapropiado que maneje referentes extranjeros, que en lugar de escribir sobre abedules escriba sobre samanes. Yo me río. Qué sé yo, todas esas cosas, zorros y matas foráneas, indios y cosacos, Mahler o Aldemaro, todo ha sido parte de mi formación humana. Y ni siquiera Google, ¿no? Bastó El Principito hace años para saber qué era un zorro o una película de Tarkovski en casa de un novio para ver por primera vez un abedul. Y conozco gente que ha visto zorros y abedules, o incluso cosas de este país que jamás he visto: la literatura es esa tercera nación imaginaria donde nos reunimos a pesar de todo.

En algunos de tus cuentos suelen haber hechos que tienen un aire sobrenatural. Por momentos se borra el límite que separa lo cotidiano de lo fantástico, por ejemplo, en tu cuento Yggdrasil. Cuéntame sobre esto. 

Me muevo hacia una nostalgia por lo misterioso, desde cómo dos palabras cambian de sentido cuando se juntan o cómo dos o tres o miles de personas cambian de rumbo cuando se cruzan. Al menos yo vivo en erupción entre una cosa y otra, entre la perplejidad y cierto sentido lógico que no se distrae en ensoñaciones. Mi oficio se emparenta con mi amargura y con mi capacidad de ilusionarme.

En tu escritura narrativa puede hallarse abiertamente la presencia de lo erótico. ¿Qué lugar le das como tema?

Le doy el mismo lugar que al resto de mis tópicos, el mismo lugar que a la muerte, lo fantástico, lo cínico, lo absurdo, lo real. No me veo a mí misma como una escritora de narrativa erótica. De hecho, creo que me molestaría la etiqueta. A mí me gusta lo que se desprende del sexo y cómo influye en lo demás, como su revés metafísico nos toma tiempo y asalto, pero reducir el estilo de mi obra o de mi vida misma a ello me resulta irresponsable y flojo, por no decir ladilloso.

¿Zorros?

Una metáfora es una casa y viceversa. Yo encontré una que me conmoviera y contuviera, con mis convicciones y ambigüedades. Una vez escribí un cuento al que hasta ahora he podido ser leal.

Has estado escribiendo poesía y pronto será publicado tu primer poemario. Cuéntame de esto.

Se llama El animal intacto. Mis poemas acompañados por mis dibujos. Es el resultado de cuatro poemarios previos que mutaron y se aniquilaron.

¿De qué manera alternas el dibujo y la literatura?

Conviven permanentemente, desde que recuerdo. Tenía diez años la primera vez que “anoté” una idea y en realidad se trataba de un garabato, seguramente un perro o un caballo que parecía perro.

¿A qué autores relees?

Pamuk, Nabokov, Saroyan. Montejo, Blake, Juarroz. Patricia Guzmán, Ida Gramcko, Katherine Mansfield.

Caracas y Puerto la Cruz son ciudades que aparecen bajo una luz casi mítica en muchos de tus relatos. ¿Cuánto de estas ciudades es símbolo y cuándo es realidad concreta?

No lo sé, no quiero saberlo. Padecerlas ya es bastante difícil como para insistir en esas fronteras. Mito y realidad nos sirven y nos configuran según necesitemos. He allí un paisaje tragicómico y enfermo, pero mejor lo dejo de ese tamaño.

¿Cuál es la relación entre la escritura de Enza García Arreaza y la música?

La música es lo único bueno de verdad. Uno quiere creer en esas cosas y comprometerse.

Dime: Mahler

El compositor que me gusta más. Ya no necesito ponerle adornos a la idea.

¿Qué detestas?

Detesto que vivamos tan mal e infelices en este país.

¿Cómo es tu relación con el Tarot y con las prácticas de adivinación en general?

No creo que se pueda adivinar nada utilizando una serie de cartas con dibujos. Pero sí creo que las interpretaciones nos entretienen, como un chisme o una obra maestra. Uno siempre quiere que al alma le acontezcan las cosas.

¿Es la magia un género literario?

No. La magia no existe. Lo que sí existe son nuestras necesidades.

¿En qué estás trabajando ahora?

Estoy trabajando en esperar que editen El animal intacto y El genio del tiempo. Y en el libro que sigue, cuyo nombre ignoro.

Enza García Arreaza, Puerto la Cruz, 1987. En 2004 obtiene el VII Premio literario Cuento contigo de Casa de América, Madrid. En 2007 gana el V Concurso para autores inéditos de Monte Ávila Editores con el libro de cuentos Cállate poco a poco, publicado en 2008. Forma parte de la antología De la urbe para el orbe de Alfa Editorial y de la antología Zgodbe iz Venezuele (Historias de Venezuela) de Sodobnost International. En 2009 obtiene el III Premio Nacional Universitario de Literatura con el libro de cuentos El bosque de los abedules, publicado por Equinoccio. Plegarias para un zorro aparece en 2012 por bid &andco.