“Poesía y política son dos pulsiones urgentes del espíritu humano”

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Entrevista a Alejandro Castro


Tu primer libro No es por vicio ni por fornicio. Uranismo y otras parafilias, ganó el Concurso Monte Ávila para autores inéditos. Se trata de un texto con una alta dosis de crítica, para algunos difícil de digerir. ¿Te sorprendió que ganara el concurso?

Me sorprendió muchísimo. Entregarlo al Monte Ávila fue una provocación, no tenía más que una esperanza pequeña y triste, alucinada. Tuve la suerte de contar con un jurado inteligente, lectores de lujo, diría. Entre ellos un poeta cuyo trabajo admiro profundamente: Luis Enrique Belmonte.

En No es por vicio ni por fornicio manejas un lenguaje austero, cuya crudeza está íntimamente relacionada con la temática, con la puesta en cuestión del uso simplificado de nociones psiquiátricas y a los ismos políticos. ¿Qué clase de trabajo conllevó la creación de este lenguaje poético? ¿Partes de una profusión imaginativa que luego podas, o se da naturalmente?

Ese libro es el resultado de una investigación sobre los manuales que, desde mediados del siglo pasado, intentan “facilitar” el diagnóstico de las enfermedades mentales, unificar criterios más allá de las distintas corrientes de las “ciencias” psi. Me refiero al Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM, por sus siglas en inglés), de la Asociación Americana de Psiquiatría; y la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y otros Problemas de Salud (CIE),  de la Organización Mundial de la Salud. No es por vicio ni por fornicio quiere ser un manual diagnóstico, una clasificación estadística, quiere aproximarse a estos problemas desde otro lugar, mostrar lo que ya la filosofía y algunas corrientes dentro de la psiquiatría misma han venido enunciando: que la jerigonza clínica sobre las enfermedades mentales (y sexuales) tiene mucho de humo, de trampa. Queda entonces la pregunta por el lenguaje del libro. Acaso sea mi voz (naturalmente, como tú dices, árida, aséptica), el mejor lugar para decir ciertos monstruos.

¿En qué punto se cruzan la crítica y la clínica?

El poeta y el loco son hermanos de sangre desde la antigüedad, son hijos de la misma, severa, diosa: la embriaguez. El poeta y el loco son los portadores de una palabra que, a lo largo de la historia de Occidente, ha tenido más o menos relación con la Verdad, cuando existía algo como la Verdad. La psiquiatría y la psicología aparecen a finales del siglo XIX para ocuparse no sólo del loco, sino también del poeta. Pasé mucho tiempo leyendo lo que las “ciencias” psi piensan del poema, ya era hora de dejar que la poesía dijera lo que piensa de las “ciencias” psi, eso es No es por vicio ni por fornicio, una respuesta (a tu pregunta).

¿En qué se diferencia la poesía de la política?

En nada. La poesía, digo esto con Rancière, participa de la distribución de lo común. Me gusta pensar que, en un sentido amplio, poesía y política son dos pulsiones urgentes del espíritu humano que se desprenden de la misma, irrestricta, menesterosidad: el otro. El olvido de esa médula compartida nos ha dejado malos poetas y peores políticos.

¿Te interesa que tus poemas sean leídos como declaraciones, como “pronunciamientos”? Pareciera haber una tensión entre la cualidad contestataria de tus textos y poemas como “Activismo” donde problematizas ciertas formas de crítica social.

Tal vez sea más justo decir que sería interesante que lo que parece un “pronunciamiento”, una “declaración” o un “diagnóstico” sea leído como un poema, como una particular experiencia de lenguaje capaz de devolvernos el asombro.

¿Qué reacción esperas del lector?

Justamente eso, asombro. Pero también, no sé como decir esto sin que parezca excesivo, espero del lector, a pesar (o precisamente por) la violencia de algunos textos, que cierre No es por vicio ni por fornicio conmovido –literalmente conmovido, llamado– tanto por la fuerza de la palabra desnuda, como por una experiencia de la soledad, del desamparo (institucional, sí, pero también humano) de los homosexuales, las lesbianas, de nosotros, los perversos.

Qué me puedes contar de tu libro El lejano oeste, publicado en bid&co.editor, ganador del Premio Libro 2014, por votación de los libreros.

Adalber Salas, generoso, me ha pedido incluir El lejano oeste en la colección que dirige dentro de ese sello editorial. Se trata de un proyecto importante para mí: la trama de los días descamisados en esta ciudad que ya no reconozco, es un libro de la infancia, de la casa (el apartado apartamento, diría, si fuese Rafael Castillo Zapata), una versión radical de los textos de Historia de Venezuela y de Castellano y Literatura, ese cúmulo de sombras.

¿En qué nuevos proyectos estás trabajando ahora?

Aunque el único proyecto debería ser la escritura de mi investigación para la Maestría en Literatura Latinoamericana, eventualmente le robo tiempo a eso para escribir sobre el asesinato (una hipotética biografía de un asesino en serie) o retomo una novela epistolar a la que no he podido renunciar, por más que intento.

Alejandro Castro (Caracas, 1986) es poeta, ensayista y profesor universitario. Licenciado en Artes por la Universidad Central de Venezuela y Magíster en Literatura Latinoamericana por la Universidad Simón Bolívar. Ha publicado los libros “No es por vicio ni por fornicio. Uranismo y otras parafilias” (ganador en 2010 del Concurso nacional para obras de autores inéditos, de Monte Ávila) y “El lejano oeste” (2013). Ha sido incluido en diversas antologías y textos suyos han aparecido en publicaciones digitales y suplementos literarios.