Andor

Las novelas son productos extraños que surgen luego de larguísimos procesos de maceración que se suceden unos a otros antes, durante y después de la escritura del manuscrito.

Se suele afirmar que la novela no es un género que se cultiva en la juventud; que, para escribir novelas, se tiene que haber cribado la propia experiencia y haberla convertido en una suerte de combustible que, de manera invisible y silenciosa, mueve la rueca de la imaginación urdidora de historias.

El trabajo literario que Raquel Abend Van Dalen presenta en Andor desmonta la seguridad con que se afirma que la escritura de novelas no es tarea para jóvenes. Su primer libro nos muestra que la madurez y el calendario no tienen una relación tan exacta como se nos quiere hacer creer.

Para mí la madurez en la literatura consiste en aceptar que entre una emoción y otra existe una infinita gradación de matices, cuyos nombres debemos conocer (si no con exactitud, al menos con sinceridad) y atrevernos a ponerlos frente a los lectores en medio de las historias de unos personajes que nos conmuevan y nos hagan meditar sobre nuestras propias vidas.

Esa cualidad difícil de definir y fácil de reconocer en los libros, se encuentra presente a lo largo y ancho de Andor, una novela escrita en un estilo sereno, elegante, parco, risueño que retrata un universo tan frágil como intenso.

Roberto Echeto