La cocina del escritor

Crédito: Lisbeth Salas Crédito: Lisbeth Salas

Entrevista a Héctor Torres


Ya llevas una larga trayectoria como narrador, ¿cómo has vivido los saltos entre un libro y otro?, ¿sientes que hay cambios radicales en cuanto a tu estilo o más bien sientes que has mantenido un mismo registro?

Quizá no necesariamente radicales, pero sí se pueden ver los cambios. Son búsquedas en un camino que va ofreciendo hallazgos que uno va asimilando, y eso se nota en el trabajo. Quizá los más radicales vinieron de “El amor en tres platos” a la novela “La huella del bisonte”, dada la distancia que había entre el momento en que se produjeron los primeros y la segunda. Pero, así como en la vida misma, aunque cada nuevo libro refleje indagaciones particulares relacionadas con la época en que se estuvo desarrollando, también es cierto que hay algo propio de uno, que existe desde que se tiene conciencia de sí; lo cual también se ve reflejado en la obra.

¿Qué ha determinado que escojas el género narrativo para la historia que quieres contar? ¿Cómo llega una historia a ser cuento y no crónica o novela? Y viceversa. 

Es complejo, porque el género es, de alguna manera, un asunto posterior al acto creador. Es decir, el género es, como decía Croce, una forma en que se debe abordar la lectura del texto, una orientación para el lector. Claro, hay una inevitable conciencia de ciertas fronteras a la hora de escribir, lo cual incidirá en el desarrollo de la historia, en su desenlace, en su manera de abordar. En todo caso, así como la estructura y el tono, el género será otra de las herramientas sobre cuyo uso decidirás a la hora de alcanzar la mayor expresividad y eficacia en el texto que estás abordando. En mi caso he abordado tanto la novela como el cuento, la columna y la crónica, y descubro que todos tienen muchas cosas en común: el deber de producir una máxima expresividad posible, siempre deben atrapar al lector desde las primeras líneas, se debe tratar de buscar un punto de vista lo más original posible para, a partir de él, contar esa historia… En ello la única diferencia posible es en lograr un buen resultado o no, y eso va a depender exclusivamente de la disciplina y la paciencia que estés dispuesto a tener para trabajar el texto.

Como narrador cómo es tu preparación, ¿te dedicas a leer sobre el tema que vas a escribir o más bien buscas lecturas alejadas que no estén relacionadas?

Usualmente aparece el núcleo del tema y luego viene un proceso largo de reflexión y anotaciones en torno al mismo. Ese proceso de pensar en torno al tema que se asomó, me lleva a la búsqueda de bibliografía relacionada, a tomar muchas notas y a hurgar en la búsqueda de esos elementos que permiten darle la mayor dimensión posible al texto. Para responder concretamente la pregunta, suelo leer no sólo temas relacionados, sino además durante el proceso de gestación de un proyecto, incluso siento predilección por el género, en mis lecturas cotidianas del momento. Claro, cuando el asunto es muy largo, una vez finalizado el proceso me gusta refugiarme en otros temas para apagar en mi mente la producción de ideas en torno al tema. A veces se siguen produciendo ideas en torno a un tema una vez cerrado y entregado el material, y es necesario ahogarlas en otras curiosidades para que no se hagan infinitas.

¿Hay escritores o temas que evades cuando estás escribiendo un libro?

NO, todo lo que sea necesario abordar para el mejor desarrollo del tema, se aborda. Es el deber ante la obra.

¿Como escritor te alimentas de otras artes?, ¿cómo te vinculas creativamente al cine, a la música y a las artes visuales?

Mucho. En “Caracas muerde” se nota mucho la influencia del cine y la música en mis textos. De hecho, cine y música, sobre todo, son parte fundamental de mi cultura y de mis indagaciones en torno a los temas que me planteo. Es común que amplíe el alcance del tema acudiendo a esas canciones a esas escenas de películas que rozan el tema. He descubierto que a partir de allí se logra dar un alcance más universal a un planteamiento personal. Cualquier cosa que se escriba, por local que sea, cuando se conecta con canciones y películas del repertorio contemporáneo, adquiere una dimensión más universal, al demostrar que esos dolores, que esas angustias, esas alegrías o esos candores lo han vivido miles de hombres y mujeres antes que esos personajes, y lo seguirán viviendo. Además, la música tiene una enorme capacidad de sintetizar cosas que la literatura necesita de mayor espacio para abordar.

¿Cómo es tu rutina a la hora de escribir un libro? ¿Cuáles son tus horarios, manías y obsesiones?

Usualmente un texto es el resultado de muchas notas. Las situaciones, los personajes, deben estar bastante masticados antes de comenzar a escribir sobre ellos. Contra el consejo de muchos maestros, suelo escribir de noche. Quizá es por mi condición de noctámbulo, que encuentro en los silencios de la noche, en su oscuridad, la atmósfera adecuada para poner orden en mis ideas. Apenas, eso. Y cierto tipo de música que me permite aislarme de los eventuales sobresaltos venidos de la calle. Y detenerme de vez en cuando a observar por la ventana lo apacible de la calle, cuando no termina de expresar una idea con la claridad adecuada.

¿Te pones fechas tope?

La pongo pero casi nunca la cumplo. Pero es bueno ponerse fechas, para saber cuánto se ha atrasado uno en lo que se propuso. Si no, se hace interminable el proyecto y se corre el riesgo de desdibujarse. Hay un momento del texto literario que es peligrosísimo: ese momento en que está aún en proceso de gestación y, si no lo abordamos a tiempo, comienza a producirnos dudas que, si se van acumulando, nos hacen concluir que el proyeto es inviable, que es poco interesante o, incluso, que es ridículo.

¿Elaboras cuidadosamente la trama de una novela o de un cuento antes de comenzar a escribirla, o se va armando sobre la marcha?

No armo cuidadosamente, como lo hacen ciertos autores, pero sí tengo que creer en la existencia de los personajes, sobre todo. Y de un núcleo de acción. Lo demás, si los personajes están sólidamente creados, viene dado por sus mismas acciones. Es decir, si puedo ver al personaje, lo puedo oír. Y si lo puedo oír, puedo confiar en las cosas que me dicta.

¿Cómo afecta el tema de la violencia a tu escritura?

Mucho. La violencia es un tema fundamental para el caraqueño y para el venezolano en general. Está ahí. Es una preocupación permanente cuyas vertientes infinitas terminan por obsesionarnos. De la violencia se exacerban y se potencian todos los temas relacionados con el hombre: el amor, la lealtad, la miseria humana, la valentía, la belleza. En tanto el mundo se vuelve más árido, todas las expresiones que hacen al hombre humano se acentúan más. Y la vida se vuelve más grave y más asombrosa. Y todo lo que damos por descontado en condiciones normales (como llegar a casa todas las noches, a abrazar a tus seres amados), nos parecen hechos asombrosos. “Caracas muerde”, de hecho, es un largo ejercicio de reflexión y asombro ante el hecho de seguir vivos y de descubrir que somos hijos de una misma raíz, y que esos seres tan alejados de nosotros son como hermanitos enfermos y descarriados. En fin, la violencia nos hace aferrarnos a valores que nos resultan fundamentales para que la vida merezca tal nombre: la belleza, la lealtad, el amor…

¿En qué proyectos estás trabajando ahora?

Tengo un par de proyectos en torno a un tema y una novela largamente postergada. Creo que primero saldrá uno de los conjuntos de textos que me está llamando con mucha fuerza, y me hace pensar con frecuencia en ello, y me pone a buscar literatura sobre el tema y me hace tomar nota. Así como cuando uno se enamora, que siempre tiene tiempo para ello. Pero prefieron no hablar del tema en concreto por un asunto, si se quiere, de cábala.

Héctor Torres (Caracas, 1968). Narrador y promotor literario. Autor de los libros de cuentos El amor en tres platos (2007) y El regalo de Pandora (2011), de la novela La huella del bisonte (2008) -finalista de la Bienal Adriano González León 2006-, y del libro de crónicas Caracas muerde (PuntoCero, 2012). Fundador y ex-editor del portal www.ficcionbreve.org. Participó en el Taller de Narrativa del Celarg (2000-2001), a cargo de Ángel Gustavo Infante. Coordinó, junto a la novelista Ana Teresa Torres, la Semana de la Nueva Narrativa Urbana (2005-2010) y es el actual coordinador (desde 2006) del Premio de Cuento Policlínica Metropolitana para Jóvenes Autores. También fue el creador del Premio de la Crítica a la Novela del Año, organizado por Ficción Breve Venezolana.